Por qué la obsesión por «conseguirlo» es precisamente lo que lo frena, y por qué el miedo a «manchar» es el principal enemigo del placer.
En la consulta, muchas personas llegan con la misma pregunta, a veces susurrada con timidez:
“Carles, he oído hablar del Squirt… pero a mí no me ha pasado nunca. ¿Crees que yo no puedo? ¿Tengo algún problema? ¿Tengo un bloqueo?”
Mi respuesta siempre es la misma: Tu cuerpo funciona perfectamente.
El problema no es tu anatomía. El problema es el miedo a perder el control.
Vivimos en una época donde parece que el Squirt se ha convertido en el nuevo «trofeo» a conseguir. Parece que si no expulsas líquido, no has disfrutado suficiente. Y eso es falso.
Pero sí es cierto que el Squirt es una experiencia de liberación brutal, y que la gran mayoría de cuerpos con vulva son capaces de ello físicamente.
Entonces… ¿por qué cuesta tanto que salga?
1. La barrera principal: «¡Me estoy haciendo pipí!»
Aquí es donde reside el secreto que nadie te cuenta.
La sensación física justo antes del Squirt es idéntica a la necesidad urgente de orinar.
Cuando la excitación es muy alta y la zona G se inflama, presiona la uretra. Tu cerebro recibe la señal de alarma: “¡Cuidado! ¡Nos vamos a hacer pipí encima!”.
La reacción automática e inconsciente de cualquier persona educada en la contención (especialmente aquellas socializadas como mujeres) es cerrar. Contraes el suelo pélvico para no manchar.
Y en ese momento preciso, bloqueas el Squirt.
Porque el Squirt no pide fuerza; pide rendición. Para que salga, tienes que hacer el acto de fe más grande: empujar hacia afuera cuando tu cabeza te dice que cierres.
2. ¿Por qué casi nunca pasa en la primera sesión?
Mi experiencia como terapeuta me ha enseñado un patrón muy claro: es muy difícil que tengas un Squirt en la primera visita.
¿Por qué? Porque para vencer el miedo a «hacerse pipí» o a manchar, necesitas una confianza ciega en el espacio y en el terapeuta.
En la primera sesión, tu sistema nervioso todavía está escaneando si el lugar es seguro.
Pero, ¿qué pasa en la segunda o tercera sesión?
Que ya me conoces. Ya sabes que la camilla está protegida. Ya sabes que si sale líquido, yo (Carles) no me asustaré ni te juzgaré, sino que lo celebraré como un éxito de relajación.
Cuando la mente entiende que está en un refugio seguro, la pelvis se relaja de verdad. Y es entonces cuando sucede.
3. El objetivo no es mojar, es sentir
Si vienes al masaje pensando «Hoy tengo que sacar líquido», probablemente no saldrá. La exigencia tensa los músculos.
Mi trabajo como terapeuta no es «provocarte» un Squirt mecánicamente.
Mi trabajo es crear un espacio tan seguro, tan libre de juicios y tan acogedor, que tu cuerpo se sienta libre para expresar lo que quiera.
Buscamos que pierdas el miedo a soltar el control.
Si nunca lo has experimentado, no eres «raro/a». Simplemente, quizás no has tenido el entorno o la calma necesaria para atreverte a «mancharlo todo».
No buscamos récords. Buscamos que pierdas el miedo a soltar el control.
Y cuando sueltas el control… a menudo, el resto viene solo.
