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Acompañar procesos emocionales y mover la energía vital del otro exige una higiene invisible pero rigurosa. Te explicamos por qué nuestro trabajo empieza mucho antes de abrir la puerta.


Muchos clientes nos preguntan, a menudo al terminar una sesión de Tantra: “¿Cómo lo haces, Carles, para no cargarte con todo lo que te he dejado aquí?” o “Angela, ¿cómo te liberas de la tensión que ha salido hoy?”.

Es una pregunta muy sabia. Cuando te entregas a tocar un cuerpo con presencia absoluta, no solo tocas piel y músculo. Estás entrando en contacto con la historia de esa persona, con su estrés, sus miedos y sus cargas emocionales. Si no tuviéramos un método para gestionarlo, acabaríamos vacíos.

Nosotros somos los guardianes de nuestra propia energía para poder ser el mejor refugio para la tuya. Estos son nuestros rituales:

1. El silencio previo: Crear el vacío (30 minutos antes)

Nuestro trabajo no empieza cuando tocas el timbre, sino mucho antes. Aproximadamente media hora antes de cada sesión, ya estamos en la sala. Nos cerramos en silencio. Respiramos. Meditamos.

Este tiempo es sagrado para nosotros: sirve para hacer un vaciado emocional. Necesitamos estar «vacíos» de nuestras propias preocupaciones para poder estar realmente presentes para ti. Si nosotros no estamos en paz, no podemos transmitir paz. Este silencio es el que nos permite recibirte con una mirada limpia y el corazón abierto.

2. Mente de «Canal» vs. mente de «Esponja»

En la sala, nosotros no somos esponjas. La esponja absorbe el agua sucia y se la queda dentro. El canal, en cambio, permite que la energía fluya a través de él pero no retiene nada. Esta actitud de desapropiación es nuestra primera capa de protección: la energía que sale de ti no es nuestra, solo te ayudamos a circularla y liberarla.

3. Pies en la tierra: El contacto directo (Grounding)

Siempre trabajamos descalzos. Trabajar en contacto directo con el suelo nos permite actuar como una «toma de tierra» literal. La energía que movemos con las manos necesita una vía de salida: entra por nuestro tacto, nos atraviesa y se descarga hacia el suelo. Esto evita que la tensión del cliente se quede bloqueada en nuestro propio sistema nervioso.

4. El ritual del deslizamiento: Cortar el vínculo

Durante el masaje, y sobre todo al terminarlo, realizamos un gesto que para nosotros es imprescindible. Con un movimiento firme, deslizmos nuestra mano desde nuestro propio hombro hasta la punta de los dedos.

Es una forma de barrer cualquier rastro de energía que haya podido quedar «pegada» a nuestros brazos. Es nuestro método físico para cortar el vínculo energético y asegurarnos de que toda la carga se vaya fuera de nuestro campo.

5. El agua fría y la Naturaleza

Fuera de la sala, nuestra higiene continúa:

  • El Agua: Al terminar, lavarnos las manos y los antebrazos con agua muy fría es un cortafuegos inmediato que se lleva cualquier residuo.
  • La Naturaleza: Caminar desnudos por la montaña o bañarnos en el mar de invierno es nuestra forma de reciclar la energía a gran escala. La naturaleza tiene la capacidad infinita de transformar la energía densa en vitalidad nueva.

La consecuencia: El límite de las dos sesiones

Todo este proceso de vaciado, limpieza y recarga es el que nos lleva a una decisión innegociable: no realizamos más de dos sesiones por persona al día.

Podríamos hacer más, pero energéticamente no seríamos impecables. Para garantizar que nuestra presencia sea total y nuestra energía esté fresca para ti, debemos respetar nuestros propios tiempos.

Gracias por entender que, para cuidarte bien a ti, primero debemos aprender a ser los guardianes de nuestra propia paz.

Carles & Angela

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