Por Carles y Angela · Masajistas · Girona
Hay una pregunta que casi todo el mundo se hace antes de venir por primera vez, y que muy pocos se atreven a formular en voz alta:
«Pero, realmente, ¿qué pasa ahí dentro?»
Es una pregunta legítima. Y merece una respuesta honesta.
Porque alrededor del masaje Tantra Energy hay tanta confusión, tantos malentendidos y tanta fantasía proyectada, que la realidad, que es mucho más rica y mucho menos escandalosa de lo que algunos imaginan, queda enterrada bajo una capa de prejuicios.
Hoy la desenterramos.
Antes de que empiece nada: cómo nos preparamos nosotros
Una sesión no empieza cuando la persona se estira en la camilla. Empieza mucho antes.
Antes de cada sesión, siempre buscamos un momento de conexión. Respiramos. Ponemos intención. Nos aseguramos de estar presentes, no en modo automático ni con los pensamientos en otro lado.
Esto puede parecer un detalle menor. No lo es.
Cuando trabajamos con el cuerpo de una persona, ella percibe mucho más de lo que creemos. Percibe si estamos aquí de verdad o si estamos a medias. Percibe si nuestras manos traen calor o mecánica. El cuerpo no se engaña.
Por eso nuestra preparación no es técnica, es energética. Leemos el espacio, ajustamos la temperatura, el aroma, la música. Y nos ponemos en un estado de presencia que, si lo hacemos bien, la persona empieza a percibir desde el momento en que entra por la puerta.
Los primeros minutos: la conversación que lo cambia todo
Cuando la persona llega, no empezamos con el masaje. Empezamos hablando.
No es un interrogatorio ni un formulario médico. Es una conversación real: cómo estás, qué te ha traído hasta aquí, cómo está tu cuerpo hoy, hay algo que quieras trabajar o algo que prefieras que dejemos de lado.
Esta conversación tiene un efecto que a menudo sorprende: relaja. Porque muchas personas llegan con una tensión invisible, la de no saber exactamente qué va a pasar. Cuando hablamos abiertamente, cuando ponemos las cartas sobre la mesa, esa tensión se disuelve.
También es el momento en que establecemos el marco. No como un contrato frío, sino como una conversación entre adultos que se respetan. En cualquier momento puedes decir para. En cualquier momento puedes pedir más presión, menos, diferente. En cualquier momento puedes llorar, reír, hacer ruido o quedarte en silencio absoluto.
Aquí no se juzga nada.
El cuerpo: lo que tocamos y cómo lo hacemos
El masaje Tantra Energy trabaja con todo el cuerpo. No hay zonas excluidas por principio, pero tampoco hay zonas que se toquen de forma automática o sin consciencia.
Empezamos normalmente por la espalda, los hombros, el cuello. Zonas donde la tensión se acumula y donde el cuerpo empieza a ceder con relativa facilidad. Usamos aceite caliente, presión variable, ritmos que cambian de lentos a profundos.
A medida que el cuerpo se abre, vamos profundizando. Las piernas, los glúteos, el vientre, el pecho. Zonas que en otros contextos de masaje se saltan o se tratan con distancia clínica. Nosotros las tocamos con la misma atención y la misma presencia que el resto del cuerpo, porque el cuerpo no tiene jerarquías.
Las zonas genitales se pueden trabajar si la persona lo desea y lo expresa. No es un suplemento ni algo que se sobreentienda. Es una opción que se habla, que se decide con libertad, y que cuando se da, se enmarca siempre en el trabajo energético, no en la gratificación sexual.
La diferencia entre un toque terapéutico y un toque sexual no siempre es obvia desde fuera. Desde dentro, desde quien lo da y desde quien lo recibe, es absolutamente clara.
Lo que pasa emocionalmente durante la sesión
Aquí es donde la cosa se vuelve interesante. Y donde muchas personas se han sorprendido a sí mismas.
El cuerpo guarda memoria. Tensiones crónicas que llevan años en el mismo lugar. Emociones que no han encontrado salida y que se han instalado como dureza física. Experiencias pasadas que el cuerpo recuerda aunque la mente haya decidido olvidarlas.
Cuando las manos llegan a ciertos lugares con la presencia adecuada, algunas de estas cosas se mueven.
A veces es sutil: un suspiro profundo, una relajación repentina, la sensación de que algo que estaba atascado se deja ir.
A veces es más intenso: lágrimas que salen sin motivo aparente, una risa inesperada, una emoción que no sabes muy bien de dónde viene pero que es real y necesita expresarse.
No nos asustamos ante nada de esto. Al contrario, es exactamente lo que buscamos. Un cuerpo que puede expresar lo que siente es un cuerpo más libre. Y acompañar ese momento, sin prisa y sin juicios, es una de las partes más bonitas de nuestro trabajo.
Lo que no hacemos es interpretar. No somos psicólogos ni pretendemos serlo. Si surgen emociones, las acompañamos. Si la persona quiere hablar de ellas, escuchamos. Si prefiere quedarse en silencio y simplemente sentir, respetamos.
Lo que siente la persona que recibe
Es difícil describirlo con palabras, porque es esencialmente una experiencia corporal. Pero lo que nos cuentan las personas, al terminar, tiene algunos hilos comunes.
Una sensación de peso diferente. Como si el cuerpo fuera más suyo que antes de entrar.
Una lentitud que no es cansancio. Como si el tiempo se hubiera ablandado.
A veces, una sorpresa: «No sabía que mi cuerpo podía sentirse así.» O: «No recordaba que tenía este rincón del cuerpo.»
Y a menudo, cierta vulnerabilidad. No de debilidad, sino la vulnerabilidad que viene de haberse mostrado de verdad, de haber dejado que alguien te acompañe en un lugar íntimo, y haber comprobado que no pasa nada malo. Que, de hecho, pasa algo muy bueno.
Después de salir: lo que nadie explica
La sesión no termina cuando la persona se levanta de la camilla.
Hay un proceso de integración que continúa durante horas, y a veces días, después. El cuerpo ha vivido algo, y necesita tiempo para procesarlo.
Algunas personas salen en un estado de calma profunda, casi soñolientas, como si acabaran de despertar de un sueño muy largo. Otras salen con una energía que no esperaban, con ganas de moverse, de hablar, de hacer cosas.
Algunas personas nos escriben al día siguiente para contarnos que han dormido diferente. Que han tenido sueños intensos. Que han tenido una conversación pendiente que llevan tiempo aplazando. Que han llorado en el coche de vuelta sin saber del todo por qué, pero sintiendo que era necesario.
Todo eso es normal. Todo eso es bienvenido.
Lo que siempre recomendamos es que los días posteriores seas generoso contigo mismo. Bebe agua. Descansa si puedes. No te llenes la agenda justo después. Deja que lo que ha pasado se ponga en su lugar.
Para terminar: la pregunta que ahora te puedes hacer
Ahora que sabes lo que pasa realmente en la camilla, la pregunta ya no es «pero, realmente, ¿qué pasa ahí dentro?»
La pregunta es otra: ¿estás preparado para venir?
No hace falta que la respuesta sea sí hoy. Pero si algo de este artículo te ha resonado, si has leído alguna frase y has pensado «esto es lo que necesito», te invitamos a escribirnos. Sin compromiso. Sin prisa.
Estaremos encantados de acompañarte.
Carles y Angela · lomilomigirona@gmail.com Escríbenos por WhatsApp Girona y Costa Brava · Sesiones individuales, en pareja y a domicilio disponibles