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Hay una distancia que no se mide en kilómetros. Es la que crece entre dos cuerpos que comparten cama, mesa y vida, pero que hace tiempo que no se tocan de verdad.

Algo se ha perdido, pero no sabes exactamente qué

Nos llegan parejas que no vienen porque se lleven mal. Vienen porque sienten que algo se ha apagado y no saben ponerle nombre. La conversación sigue. Los planes, también. Pero hay una cierta frialdad que se ha instalado entre los dos, sutil, silenciosa. Como si los cuerpos hubieran dejado de hablarse.

Cuando les preguntamos cuánto hace que no se tocan, no un beso rápido de buenas noches, sino tocarse de verdad, muchos se quedan en silencio. Unos segundos largos. Y luego dicen: «No lo sé. Hace tiempo.»

Esto tiene nombre. En inglés se llama touch starvation: el hambre de contacto físico. Y es más frecuente de lo que parece en parejas estables, bien avenidas, que se quieren. No es una crisis. Es una erosión lenta que ocurre sin que te des cuenta.

Cómo pasa esto sin que te des cuenta

La vida cotidiana tiene una manera muy eficaz de robarnos el contacto. El trabajo, los hijos, las pantallas, el cansancio. Los rituales físicos de la pareja, abrazarse largo, acariciarse sin que vaya a ningún sitio, dormir pegados, se van acortando. Y nadie lo decide. Simplemente pasa.

Lo que muchas parejas nos cuentan es que lo primero que desaparece no es el sexo. Es el contacto sin intención. El que no lleva a ningún lado. El que simplemente dice: estoy aquí, te siento, eres real para mí.

Cuando ese contacto se evapora, el cuerpo lo nota. Y la mente también, aunque muchas veces lo interpreta mal: crees que estáis distanciados emocionalmente, que habéis perdido conexión, que quizás ya no os queréis de la misma manera. Pero a veces, sencillamente, hace demasiado tiempo que vuestros cuerpos no se hablan.

Lo que pasa en la camilla

Cuando trabajamos con una pareja, siempre empezamos con un ritual de conexión: respiración, mirada, contacto. Un espacio breve pero potente para dejar atrás el día y volver a estar realmente presentes el uno para el otro. Después, los dos suben a la camilla a la vez. Cada uno en la suya, pero cerca. A veces cogidos de la mano.

Hay un momento que se repite casi siempre: los dos reciben a la vez, en silencio, y de repente se miran. Sin palabras. Y en esa mirada pasa algo. No como el compañero de piso, no como el padre o la madre de sus hijos. Como una persona. Como un cuerpo que existe, que respira, que está presente.

Al final, nos quedamos todos juntos en un cierre compartido, un rato de integración y, si quieren, una ducha juntos. No como un lujo añadido, sino como parte del ritual. Para salir de ahí de otra manera que como habéis entrado.

No es magia. Es fisiología. El contacto consciente libera oxitocina, reduce el cortisol y activa el sistema nervioso parasimpático. Pero sobre todo, rompe el hielo. Abre una puerta que llevaba tiempo cerrada, no por voluntad, sino por costumbre.

No hace falta que haya ningún problema para venir

Una de las cosas que más nos gusta desmontar es la idea de que hace falta una crisis para pedir ayuda o para invertir en la relación. Las parejas que vienen a nuestras sesiones no están en crisis. Están a la deriva. Y hay una diferencia importante.

La deriva es silenciosa, cómoda, y por eso es más peligrosa. Puedes estar a la deriva durante años sin darte cuenta hasta que un día te preguntas dónde se ha quedado lo que teníais.

Venir a una sesión de masaje en pareja no es una señal de que algo va mal. Es una señal de que os importa lo suficiente como para no esperar a que vaya mal.

Una pregunta para terminar

¿Cuándo fue la última vez que os tocásteis sin que fuera a ningún lado? Sin tener prisa, sin que fuera un preludio de nada, sin que hubiera una pantalla a dos metros.

Si has tenido que pensarlo mucho, quizás tu cuerpo te está diciendo algo.

Masaje en pareja en Girona

Una sesión en la que los dos recibís a la vez, cada uno en su camilla. Ritual de conexión previo, a veces cogidos de la mano durante el masaje, y un final compartido: rato de integración y ducha juntos. Trabajamos con Lomi Lomi y masaje californiano. No hace falta ninguna experiencia previa. Solo ganas de reencontraros.

Escríbenos por WhatsApp o a lomilomigirona@gmail.com y os explicamos cómo funciona.

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